¿SE DEBE PONER LIMITES A LOS NIÑOS?      

Aprender a ser padres es algo complicado y difícil para lo que necesitaremos toda una vida. Debemos asumir que cometeremos muchos errores, y deberemos tratar de reconocerlos y modificar nuestras conductas. A veces, nos encontramos con padres que no han sabido ejercer como tales y eso hace que, en un momento determinado, cuando tienen serios problemas con sus hijos, se pregunten qué es lo que han hecho mal, en qué han fallado. Por eso hoy vamos a tratar de definir cuáles son nuestras armas como padres, cuáles son las pautas que debemos seguir para evitar que luego sea demasiado tarde o difícil. Es lógico que sientan angustia y desconcierto por enfrentarse a una realidad para la cual no están preparados y es por esto, que la finalidad de esta información es arrojar en lo posible una luz en ese túnel oscuro en el que a veces puede convertirse la educación de los hijos. 
 
Entonces, ¿Se deben poner límites?, ¿Cómo debo reaccionar ante mis hijos? Estas son las preguntas que durante muchos años he oído a la gran mayoría de padres en mi consulta. Recuerdo a más de una madre comentar que nadie les había dicho que los niños vienen sin el libro de instrucciones y que realmente era muy difícil la tarea que les venía encima. Evidentemente, esta información no será como un manual de funcionamiento entre otras cosas porque cada hijo es único e irrepetible. Sólo puedo entonces dar una serie de pautas, de conductas a seguir ante circunstancias concretas y espero que les sirva de ayuda en la tarea más difícil, pero hermosa del mundo: Educar a los hijos. 
 

¿Por qué son necesarios los límites?  

Porque el niño se siente seguro y protegido. Porque las normas les ofrecen una estructura sólida a la que aferrarse y son una referencia.  
El niño ve que los padres son fuertes y consistentes y se sentirá mucho más inclinado a identificarse con ellos. Enseñan al niño que a veces debe renunciar o aceptar el no y es una forma de enseñarle a enfrentarse luego a las frustraciones de la vida. El niño aprende valores: orden, respeto, tolerancia, empatía. 

Los niños necesitan que les ponga límites para que ellos puedan reconocer y respetar los límites de otras personas. Si no, no sabrán distinguir claramente lo que deben o no hacer, lo que está bien y lo que está mal.  

Al poner límites, les protegemos de muchos de los riesgos que todos tememos, de las adicciones, de alcoholismo, drogas o comportamientos delictivos, puesto que les enseñamos a cumplir unas normas, un orden y un respeto, siempre desde el afecto y la congruencia. Los límites le enseñan a organizarse y a tener buenos hábitos que serán un valor seguro para su vida.  

Si esto es así, ¿Por qué nos cuesta tanto poner límites a nuestros hijos? Los estilos educativos oscilan como tantas otras cosas como un péndulo. Nuestro estilo educativo ha ido desde una disciplina exagerada, restrictiva y represora hasta el otro extremo en el que todo está permitido, y donde los padres pasan a ser colegas de sus hijos.

En la actualidad, la educación que se basa en la autoridad nos horroriza. La palabra disciplina y autoridad es equiparada normalmente a las palabras castigo y represión y la evitamos por miedo a parecer unos padres anticuados, reaccionarios. Suena a coacción y a dominio, a prohibición que no tiene nada que ver con la democracia en la que vivimos. Sin embargo, la palabra autoridad se deriva del verbo latino «augere«, que quiere decir ayudar a crecer y esta es en realidad la meta de cualquier padre.

 

¿Cuáles son las consecuencias para los hijos?  

El no poner ningún tipo de límites al comportamiento del niño trae indeseadas consecuencias y este, podría ser el perfil de un niño al que no se le han puesto los límites adecuados.  
 
Estas son las características:  

  • Tienen entre 3 y 18 años  
  • Suelen ser muy inteligentes, espabilados y manipuladores.  
  • Egocéntricos, egoístas, intolerantes y caprichosos.  
  • No toleran un no, pues siempre se les ha dicho sí.  
  • Mandan en casa; no piden, sino que exigen y amenazan: “Si no me compras, si no me das, si no me dejas”.  
  • Se enfada frecuentemente y discute con los adultos a los que no suele respetar.  
  • Es rencoroso.  
  • Culpa a los demás de sus errores. 
  • No toleran las frustraciones puesto que nunca se ha enfrentado a ella.  
  • Tienen todo lo que quieren, sobre todo cosas, objetos. De esta forma su autoestima está ligada a tener y poseer “Quiero lo mismo que ese otro niño”, “Cómprame como a…”  

La investigación demuestra que los chicos sin límites en la infancia pueden tener graves problemas de conducta y de aprendizaje en el colegio, tienen una adolescencia más conflictiva y no tienen un buen futuro desde el punto de vista emocional.  
Sin embargo, en el fondo estos niños demandan otro tipo de atención y a veces su comportamiento es un grito de ayuda. Niños que están desconcertados, que no tienen marcos de referencia y se sienten solos y perdidos en el mundo, que llegan a creer en la interrelación entre cariño y regalos porque eso es lo que les han enseñado.  
 
Entonces, si realmente tratamos de educar correctamente a nuestros hijos con unas ciertas normas, ¿Qué es lo que falla?. Veamos los errores más comunes cuando tratamos de imponer límites.  

 
¿Cómo se deben poner los límites? 

 Poner límites no es fácil. Lo lógico es que tengamos que ir enfrentándonos a muchas discusiones y al hecho normal de que el niño se saltará muchas veces esos límites hasta que aprenda.  
 
El período de oposición empieza con el “no” desde antes de los tres años, y la crisis más importante se presentará en la adolescencia. Es normal que el niño quiera probar, con su actitud y conducta, hasta dónde puede llegar y cuál es la reacción de los padres si se sobrepasa el límite marcado. Es, en ese momento, cuando hay que mostrarse firmes, pues si se cede, después costará mucho más retomar el respeto por las reglas.  

Veamos unas normas elementales.  

  • Los límites se deben poner desde pequeños. Es más fácil ceder a sus rabietas, pero el niño debe saber que NO es no. Es una forma de ir educando la voluntad, el pequeño aprende lo que puede y no puede hacer porque sus padres mantienen el límite con afecto, pero con firmeza. El enfrentarse siempre a la misma situación con la misma reacción paterna hará que el niño interiorice la norma.  
  • Los límites deben ser adecuados para su edad. No podemos pretender que un niño de cuatro años recoja todos los días su habitación o que un adolescente vuelva a casa a las ocho, como cuando tenía 11 años.  
  • Los límites deben ser claros y precisos: Requieren una total compenetración entre los padres. Los padres deben estar de acuerdo en usar el mismo límite para determinada situación. Deben ser muy CONCRETOS porque así, los niños lo entenderán mejor. No generales como “debes portarte mejor”, “tienes que ser bueno”, sino más bien como “sabes que no se enciende la tele cuando comemos”. 
  • No son necesarios los discursos, son más eficaces las normas claras y sobre todo que el niño asuma lo que se le pide y el por qué. 
  • Los límites deben hablarse, hay que darles explicaciones, fijarlos de antemano, no dejarlos a la improvisación o al momento de rabia que tengamos. Digamos que deben cumplir tres pasos: se habla, se les recuerda y hay consecuencias si no se cumplen. Todo ello siempre desde la afectividad y el cariño.  
  • Si le obligamos a respetar ciertos principios, nosotros debemos dar ejemplo. Somos los modelos de identificación en los que el niño se va a fijar, no podemos castigarle por gritar o ser violento, si nosotros perdemos el control continuamente y damos puñetazos en la mesa. O decirle que no se debe mentir y decirle, “esto no se lo decimos a tu padre/madre”. Se deben formar con hechos no con palabras.  
  • Procurar darle opciones. Esto hará que le resulte más fácil cumplir las normas. La libertad de elegir ayuda a reducir las resistencias en el niño. Por ejemplo: «Es la hora de vestirse, quieres ponerte el pantalón rojo o el azul”. Si sabemos que odia la verdura cuando es pequeño, intentar darle otra opción que no sea tampoco su comida favorita, pero que pueda elegir la que menos le desagrade. Es una forma de que ellos tome decisiones y enseñarles autonomía.  
  • Darle tiempo: Ellos debe ir aprendiendo a respetar las normas y nosotros debemos tener paciencia y saber que fallarán muchas veces. Necesita un período de aprendizaje y aprenderá más rápido si valoramos cada pequeño cambio, cada intento. El elogio y el refuerzo positivo es lo que realmente cambia y modifica conductas. Ayudarle al principio a recoger los juguetes le enseñará mejor que si le damos gritos porque no ha recogido. Valorar siempre sus intentos y sus esfuerzos por mejorar.  
  • Debemos mantenernos firmes. Para ser firme se ha de creer que se hace lo correcto; de lo contrario, se transmite poca convicción al pequeño.  Si es media hora de juego, es media hora. Lo más importante es cumplirlo.

Y si se traspasan los límites, ¿Cómo aplicar la sanción?  
 
Es importante que los niños sepan de antemano que el incumplimiento de la norma trae consigo una consecuencia. Deben hacerse responsables de sus actos.  

  • El castigo no debe usarse como algo habitual, pues perderá eficacia y al niño no le enseñará nada. Cualquier acción se verá debilitada con el abuso y no tendrá los efectos deseados cuando se necesite.  
  • Deben ser cortos y proporcionados a la acción. Si dura mucho hay momentos en los que los niños pierden la noción del por qué se les ha castigado.  Debemos también darle la oportunidad de que con el cumplimiento de la norma vuelva a tener los privilegios normales. “Si esta semana haces todos los días los deberes, te dejaré ver 15 minutos más la tele, leer, jugar a la play o chatear con los amigos”. Y nunca, nunca dejarnos llevar por nuestro estado de ánimo para fijar un castigo. Este debe estar implícito en el hecho de no cumplir la norma.  
  • No retrase el castigo. Si se va a castigar al niño, hágalo tan pronto como sea posible después de la mala conducta. Las conductas se controlan mediante consecuencias inmediatas, así que no hay que esperar “Hasta que llegue papá/mamá”. Es básico que nos vean seguros y sin dudas.  
  • Deben ser comprendidos, debe saber por qué se queda sin tele o por qué tiene que pedir perdón si ha ofendido a alguien.  
  • Deben ser firmes. Siempre las mismas consecuencias para las mismas faltas.  
  • Dar una oportunidad para la buena conducta. El efecto inmediato del castigo es enseñar al niño lo que es correcto, pero hay que darle la oportunidad de que demuestre lo que ha aprendido. Por eso es bueno darle la oportunidad de rectificar una primera vez y avisar que de continuar se aplicará la sanción.  
    De ninguna manera “castiguemos” a nuestros hijos quitándoles el afecto o la atención.
  • De igual forma que se pueden aplicar castigos ante faltas reiteradas es aún mucho más importante elogiar al niño cuando hace bien las cosas. Está comprobado que es mucho más efectivo que los castigos. Hay que pillar al niño haciendo también algo bueno, no siempre lo malo. Este es un defecto muy frecuente en los padres actuales. 
  • Confíe siempre en su hijo. Si él ve que sus padres nunca confían en él, se verá afectada su autoestima.  
  • Los padres son antes que nada padres y después, amigos. La autoridad bien llevada les ayudará a desarrollarse como personas.  
  • Sobre todo, escúchelos. No subestime sus problemas, aunque a usted le parezcan tonterías porque para ellos son importantes. Tenga tiempo para ellos, es lo que necesitan. Comprenderlos y a veces volver la vista atrás y recordar nuestra infancia, sobre todo nuestra adolescencia, siempre beneficiará nuestras relaciones.  
  • Deje que sean libres. Déjelos ser de la forma que quieren, quizás muy distintos a lo que usted espera, pero el ser padres es precisamente el educarlos para que vuelen solos y no nos necesiten. Esta es la tarea más generosa del mundo y la más difícil. No sea egoísta.  
  • No lo olvide siempre es mejor reforzar lo bueno que hace su hijo, que estar siempre atento a lo malo.
  • Exprese sus emociones y deje que él exprese las suyas, si lo hace de una forma respetuosa le estamos enseñando a ser inteligente emocionalmente y eso le hará más feliz.
  • Reconozca que usted también puede equivocarse y dígaselo, eso le hará más cercano.  
  • Pero sobre todas las cosas, demuéstrele siempre su cariño, su afecto incondicional. Está demostrado que los niños que se sienten queridos son más inteligentes, más capaces, crecen más por fuera y por dentro.

«El amor es siempre su mejor vitamina…»

Dra. Gledys M. Freijanes Padrino
PEDIATRÍA

2 thoughts on “ ¿SE DEBE PONER LIMITES A LOS NIÑOS?      

  1. Dra. Gledys muchas gracias x compartir sus conocimientos. Me ha gustado mucho el artículo, más me encanta que mis hijos la tengan como pediatra.

  2. Me gusto mucho ! ! Planteas la forma correcta de hacerlo, ojala se repartieran folletos con esa informacion a las parturientas.
    Seria genial porque ayudaría a las familias a desarrollarse sanamente.

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